Defaulteador serial… y ya se viene el próximo
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Argentina no tiene otra opción que financiarse con Chávez, cualquiera sea el costo. Es que nuestro país es un defaulteador serial, y encima cuando ello ocurre, decide unilateralmente cuanto y a quien pagar. O sea que estamos condenados por los mercados internacionales a participar de ellos únicamente durante los primeros tres años luego de reestructurado el último de nuestros incumplimientos. A partir de ello, en la medida de la degradación paulatina e inexorable de la economía nacional, los inversores huyen para que no los agarre la ola. Lamentablemente así nos ven. Sólo a Chávez le conviene comprar papeles de Argentina ya que es el precio que tiene que pagar para tener aunque sea un aliado en el mundo puesto que sus otros chupamedias (Ecuador, Nicaragua, Cuba y Bolivia) no existen. Vale aclarar que el gobierno venezolano no se queda con nuestros bonos ni por casualidad ("ni de vaina", como dicen ellos) sino que obliga a los bancos de ese país a recomprárselos, que son junto con sus accionistas y ahorristas los que finalmente van a tener que pagar los platos rotos).
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Argentina no tiene otra opción que financiarse con Chávez, cualquiera sea el costo. Es que nuestro país es un defaulteador serial, y encima cuando ello ocurre, decide unilateralmente cuanto y a quien pagar. O sea que estamos condenados por los mercados internacionales a participar de ellos únicamente durante los primeros tres años luego de reestructurado el último de nuestros incumplimientos. A partir de ello, en la medida de la degradación paulatina e inexorable de la economía nacional, los inversores huyen para que no los agarre la ola. Lamentablemente así nos ven. Sólo a Chávez le conviene comprar papeles de Argentina ya que es el precio que tiene que pagar para tener aunque sea un aliado en el mundo puesto que sus otros chupamedias (Ecuador, Nicaragua, Cuba y Bolivia) no existen. Vale aclarar que el gobierno venezolano no se queda con nuestros bonos ni por casualidad ("ni de vaina", como dicen ellos) sino que obliga a los bancos de ese país a recomprárselos, que son junto con sus accionistas y ahorristas los que finalmente van a tener que pagar los platos rotos).






