23.04.07
Un muro contra la sensación
Es evidente que ante el desborde de la delincuencia no se puede seguir delegando el tratamiento de la seguridad en el país a un par de incapaces. Simplemente porque hay vidas en juego y no es moral permitir que esos infelices sigan, diariamente, empeorando la situación. Mas aún, cuando en la lenidad de su descargo señalan que el aumento pasmoso del delito es apenas una “sensación”, el fatídico mensaje que están transmitiendo en última instancia es: “…tranquilo abuelo, está todo bien, puede bajar la guardia, abra su puerta, no haga caso a las habladurías”. Cómplices de toda complicidad.
Comencemos por definir que es un terrorista. Es una persona que utiliza el terror en contra de un agregado humano para lograr un objetivo político, ideológico o económico. La idea de la participación necesaria de un “Estado actor” para configurar el delito de terrorismo es huevada para la gilada, y pergeñada precisa y casualmente por quienes fueron terroristas “privados” … para zafar. Según la premisa, el terror que genera en la sociedad argentina el desborde de la delincuencia puede ser calificado como de “terrorismo”. Y estimamos que el tema debería ser contextualizado dentro de dicho marco. Los padres - entendidos como grupo social - sienten terror de noche, esperando despiertos el regreso de sus hijos. Los ancianos – entendidos como grupo social - sienten terror de caminar bajo la indefensión de la edad. Los jóvenes, especialmente las mujeres – entendidos como grupo social – tienen terror de asomarse a sus puertas. Y así, cientos de conjuntos sociales son víctimas de chukis sacados, pibes chorros, soronguitos, negros sombras, barrabravas, quebrachos y secuestradores que han ganado la calle. Que acosan a la sociedad. Que destruyen sus valores, a tal punto que una gran parte de la sociedad ya se encuentra seriamente considerando a cometer el “pecado” de armarse y a pensar en la degradación del despropósito ético, pero quizá ya atrozmente legítimo, de hacer fuego para defender a los suyos dado el caso.
Problemas graves, soluciones graves. Construir un muro para separar grupos humanos es definitivamente algo escandaloso, a menos que sea legítimo, cuando el beneficio de precautelar un bien social como la seguridad sea superior al costo de no hacerlo.
No es políticamente correcto mencionar - pero de éso se trata esta página – que el muro de concreto que está construyendo Israel para defenderse de los ataques suicidas, y que separa Jerusalén los barrios Abu Dis y Ras Al Mud, que fue concebido para extenderse mas allá de dicha ciudad por
Derechos Humanos
Claro está, naturalmente, que los futuros suicidas pusieron el grito en el cielo (literalmente) alegando que se violan sus derechos humanos; que no debería existir un muro que les impidiera y coarte la libertad de sembrar el terror.
Palabras Clave:delincuentes, derechos humanosPopularidad: 23% [?]









